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Nueva Tradición: Tamales y vino

Se acerca febrero, y con ello una de las fechas más esperadas del año para comer tamales; ¡el día de la Candelaria! Pero ¿saben de dónde viene esta tradición?

La fiesta de la Candelaria tuvo su origen en el Oriente para luego llegar al Sur de España en Canarias y extenderse por todo el Occidente. Se festeja el 2 de febrero, exactamente 40 días después de Navidad, conmemorando la purificación de la Virgen. En este día, después del nacimiento del niño Jesús, la Virgen llevó candelas a la iglesia a que fueran bendecidas. Es por ello por lo que se acostumbraba siempre llevar candelas a bendecir. Pero entonces, ¿por qué comemos tamales?

En el período prehispánico, los mexicas celebraban el principio de la temporada de siembra. En estas celebraciones solían bendecir el maíz para luego sembrarlo en tributo a los dioses y obtener una buena cosecha. Posteriormente en la época del virreinato y con la evangelización de pueblos indígenas, hubo una armonización entre estas dos tradiciones. Ya no se acostumbra llevar candelas, ahora se llevan tamales. En vez de bendecir el maíz, se comen tamales; dándole bienvenida a la época de siembra y celebrando los 40 días después del nacimiento de Jesús.

Es verdad que normalmente disfrutamos de los tamales con un buen atole, pero en esta ocasión les haré algunas recomendaciones con vino, siguiendo la filosofía de que hay un vino para cada ocasión. La tradición de la Candelaria se infusiono en nuestro país entre la cultura de México y España, y por eso, aquí algunas recomendaciones de maridaje con vinos españoles.

El tamal de rajas con queso queda muy bien con un vino blanco. Los vinos blancos por lo general ayudan a mantener la delicadeza de los sabores lácteos y la untuosidad del queso. Mi recomendación sin duda sería un Ramón Bilbao Verdejo. Su frescura y acidez le da un balance al picante de las rajas y resalta los sabores yerbales del chile poblano.

Los tamales de mole con pollo van muy bien con algún vino seco, ligero, buena acidez y alcohol cálido, por lo que para este tamal he elegido el Ramón Bilbao Crianza. El mole es algo muy complejo y es importante los ingredientes convivan en equilibrio con el vino. Las notas del vino de frutos rojos y vainilla crean una increíble armonía con las notas de cacao y especies del mole.

Por último, llega el postre y con alegría recurrimos al tamal de dulce. Para este tamal elegí el Ramón Bilbao Rosado, un vino seco de notas florales y cítricas que siempre me sorprende al maridar con notas dulces. Este vino de cuerpo ligero-medio tiene una buena acidez que limpia el paladar y da un gran equilibrio a los sabores dulces del tamal.

Podríamos decir que hay un tamal para cada vino por la infinidad de variedades que existen en las regiones de nuestro país. Los tamales cuentan con distintas texturas, aromas y gustos para complacer cualquier antojo, y por ello merecen ser acompañados con una bebida de igual complejidad como un buen vino. ¿A ustedes con que vinos se les antojan los tamal?

Escrito por: Cecilia Heath Brand Ambassador de Ramón Bilbao México.

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